miércoles, 18 de enero de 2012

Nota del autor

Las navidades me obsequiaron con un tablet y me estoy poniendo fina de bajarme libros.
Al fin tengo y empecé "La gran caza del tiburón" del gran Hunter S. Thompson. Y las dos primeras páginas ya no tienen desperdicio:

"Bueno... sí, aquí estamos de nuevo.
Pero antes de poner manos a La Obra, como si dijéramos, quiero cerciorarme de que sé manejar esta elegante máquina de escribir (y sí, parece que sé)... en fin, ¿por qué no hacer esta rápida lista de la obra de mi vida y largarme de la ciudad en el de las 11:05 camino de Denver? Sí, ¿por qué no?
Pero me gustaría decir en un momento, para que conste, que es una sensación muy rara esta de ser un escritor norteamericano de cuarenta años y de este siglo y estar sentado aquí solo en este inmenso edificio de la Quinta Avenida de Nueva York a la una de la madrugada de la noche anterior al día de Nochebuena, a unos tres mil kilómetros de mi casa, haciendo el índice de un libro de mis Obras Completas en una oficina de las altas puertas de cristal que dan a una gran terraza que domina The Plaza Fountain.
Es muy raro, sí.
Tengo la sensación de que podría estar igual sentado aquí cincelando las palabras de mi lápida... y que, al acabar, la única salida decente sería bajar directamente desde esa jodida terraza a la calle, 28 pisos y 200 metros por lo menos de aire sin obstáculos hasta la Quinta Avenida.
Nadie sería capaz de imitar ese número.
Ni yo siquiera... y en realidad la única manera de solventar este asunto es llegar a la razonable conclusión de que ya he vivido y terminado la vida que planeé vivir (me he pasado en 13 años, en realidad) y a partir de ahora todo será Una Nueva Vida, una cosa distinta, un asunto que termina esta noche y empieza mañana por la mañana.
Así que si decidiese tirarme a la calle al acabar esto, quiero dejar muy clara una cosa: me encantaría sinceramente dar ese salto, y si no lo doy lo consideraré siempre un error y una oportunidad perdida, uno de los poquísimos error graves de mi Primera Vida que ahora está terminando.
Pero, qué demonios, lo más probable es que no lo haga (por todos los peores motivos) y probablemente termino esto y me vaya a casa a pasar las Navidades y tenga que vivir luego 100 años más con todo este galimatías de mierda que estoy amontonando.
Pero sería una salida maravillosa, caramba... y si lo hago, vosotros, cabrones, me deberéis un salve ( esta palabra es "salva", maldita sea, parece ser que no manejo esta elegante máquina tan bien como creía), una salva, repito, una salva descomunal con una buena pieza del 44...
Sabéis de sobra que podría hacerlo si tuviese un poco más de tiempo.
¿Vale?
Sí.
HST, R.I.P. 23-12-77"

El Dr. Thompson cumplió su promesa 28 años después pegándose un tiro el 20 de febrero de 2005, 41 años más tarde de lo que tenía planeado vivir.

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